Nuestra filosofía

Nuestro fin es hacer disfrutar a las personas de la música.

Queremos que, tanto niños como adultos, tengan ilusión por que llegue su día de clase, que vivan el aprendizaje musical de una manera relajada y feliz.

 

 

 

 

La música nos apasiona. Los niños y su capacidad de desarrollo nos asombran. La infancia es el momento para jugar, pero también para aprender. Queremos aprender jugando, potenciando al máximo la creatividad y todo ello en absoluta libertad.

Diversión

La diversión proporcionará a los niños estados de ánimo positivos que les motivarán para seguir aprendiendo. El aprendizaje temprano y motivador proporcionará al niño la preparación, la comprensión musical y el amor a la música necesarios para tocar un instrumento en los años venideros.

No son pocos los casos de abandono de las clases regladas de música en niños pequeños. Son niños que disfrutan con la música pero que se aburren en las clases y las abandonan en un breve período de tiempo. Tal vez son demasiado pequeños para estos formatos de enseñanza. Sin embargo, pensamos que no deberíamos desperdiciar esos primeros años de aprendizaje musical, en el que la plasticidad cerebral es muy elevada y en la que se establecen las bases de la inteligencia y las habilidades futuras.

Libertad y Creatividad

Pretendemos formar futuros creadores creativos, tanto para la música como para la vida en general. Cada niño crecerá musicalmente a su ritmo y se expresará a través de los instrumentos con total libertad, disfrutando de la música que su cuerpo y su cerebro son capaces de producir.

La expresión musical se realizará a través del baile, el canto, la escucha activa, la percusión corporal y la experimentación con un gran número de instrumentos, para que sus habilidades y conocimientos sean amplios. De esta manera se multiplican las posibilidades a la hora de elegir uno o varios instrumentos preferidos.

El potencial educador y formador de la música

En nuestras clases queremos tener niños felices, alegres, gozando con la música. Y el resto vendrá solo: las emociones ayudan a aprender y memorizar mejor, la música potencia la creatividad, la inteligencia emocional, la autoestima y la sociabilidad. También fortalece el sistema motriz, que potencia a su vez la coordinación y el control rítmico.

Y mientras tanto… ¿qué más pasa en sus cerebros?  La música acelera el desarrollo del cortex cerebral de los niños y tiene un efecto positivo sobre la memoria y la atención. Dicha mejora de la capacidad de memorización facilita el aprendizaje de la lectura, la escritura, las matemáticas, la lógica, los idiomas, etc. También desarrolla la capacidad de ubicarse en el entorno e incluso mejora el coeficiente intelectual.

Somos musicales por naturaleza. Los bebés de sólo tres días son capaces de reaccionar a la música. No conocemos ni un solo niño que se muestre indiferente ante la misma. No podemos dejar de aprovechar la capacidad de desarrollo físico, emocional e intelectual que nos ofrece la música en los primeros años de la vida de nuestros hijos.

¡Bienvenidos a la magia de la música!

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